Esta organización, encargada de defender los intereses relacionados con la propiedad intelectual de las compañías japonesas de videojuegos, es conocida en Japón porque, amparándose en la restrictiva legislación sobre derechos de autor que existe en dicho país, ha interpuesto demandas contra tiendas que vendían copias de segunda mano e, incluso, contra páginas que han cometido la osadía de incluir en sus artículos capturas de pantalla de algunos videojuegos que acababan de ponerse a la venta.
Con este suceso tras de sí, se pueden imaginar la forma de pensar de los dirigentes de la ACCS. De hecho, Kubota no sólo opina que piratear videojuegos es un acto de terrorismo, sino que además afirma rotundamente que tales prácticas afectan a los intereses nacionales del país. El hombre, desde luego, no se anda con niñadas.
Vaya por delante que no estoy en contra de la descarga de copias de videojuegos, pero creo que la mayoría coincideremos en que este tipo de declaraciones, en lugar de ayudar a concienciar a la gente acerca de las consecuencias que acarrean para la industria tales prácticas, consiguen precisamente lo contrario: cabrear a más de uno y reforzar la creencia de que este tipo de sujetos se merecen lo que les pasa a veces.
No hay comentarios:
Publicar un comentario